Sevilla V de Europa


2016-05-18 23:05 Europa Por: Lucas López

Buscaba la gloria el Sevilla en Basilea y la encontró. Llegaba a Suiza vestido de Príncipe de la competición y sale coronado como Rey, convirtiéndose en el primer equipo en sumar tres Europa League consecutivas (cinco en total, si sumamos las Copas de la UEFA de 2006 y 2007). 

Fue un triunfo de fe el del ejército de Emery, que estuvo contra las cuerdas al filo del descanso, pero no cayó a la lona y en la reanudación acabó con el rival por la vía del cloroformo. El gol de Gameiro a los 30 segundos de arrancar la segunda parte marcó el encuentro. En gran medida, porque el Liverpool no es el Sevilla y no supo encajar el golpe. Coke, inconmensurable tras el paso por vestuarios se encargó del resto. Volteó el marcador con un disparo a trompicones pero cargado de alma, y poco después puso el lazo al regalo sevillista en una jugada en la que todo el Liverpool al alimón reclamó fuera de juego. El capitán representó, en una noche para la historia, la esencia del sevillismo: “No hay nadie, nadie, que la sienta como nosotros, que la quiera como nosotros, que la desee como nosotros”. Por eso ganó.



Y eso que en el primer acto de la final se jugó a lo que quiso el Liverpool. La presión que ejerció el equipo de Klopp sobre la salida de balón blanquirroja amedrentó al Sevilla, que en esa tesitura pasó un mal rato. Por la presión y por las hostias como panes que repartió el Liverpool, cuyos futbolistas fueron a muerte a cada balón dividido, aplaudidos por su entrenador desde el banquillo. Sólo N’Zonzi pareció encontrarse cómodo en esa guerra de guerrillas braceando en las alturas, donde el francés se encuentra como pez en el agua. De un par de prolongaciones suyas con la testa surgió todo el peligro que generó el Sevilla en la primera parte, pero Mignolet únicamente pasó miedo en una chilena de Gameiro que no encontró puerta. 

A falta de un cuarto de hora para el descanso el Liverpool destapó el tarro de las esencias y apretó el acelerador. Por ese agujero pudo escapársele la final al Sevilla, pero sólo subió al marcador un chut de Sturridge y fue un mal menor. El internacional inglés adelantó a los ‘reds’ con un preciosista zurdazo con el exterior desde el balcón del área al que no llegó Soria. Quedó herido el Sevilla, que a partir de ahí entró en pánico y pudo recibir el segundo en un centro de Clyne al que no llegó el propio Sturridge de milagro.

Tras el descanso el Sevilla pasó de la nada al todo en apenas 30 segundos, exactamente lo que tardó Gameiro en empatar la final después de una incursión de Mariano por la derecha. El lateral dejó atrás a Alberto Moreno con un caño y habilitó al más listo de la clase, Gameiro, que resolvió con la sangre fría que le caracteriza desde el interior del área chica para éxtasis de la grada sevillista. A pesar de que todavía restaban 45 minutos para la conclusión del partido fue el toque de gracia para el Liverpool, que ya no volvió a ofrecer señales de vida. 

Al gol del empate le sucedieron los mejores minutos del Sevilla, comandado por un Banega estelar que galvanizó el centro del campo y dio alas a su equipo. Gameiro tuvo el 1-2 en sus botas en un disparo a bocajarro que el punta, por raro que parezca esta temporada, estrelló en el muñeco. Pero apenas tuvo tiempo el Sevilla para lamentarse, porque acto seguido Coke, tras una deliciosa pared entre Banega y Vitolo en el borde del área, daba la vuelta a la final con un disparo de casta que el capitán mandó a la red, cayéndose, con el corazón, el alma, y la punta de la pezuña. 

Viendo al animal rojo herido, el Sevilla se lanzó a la yugular, como acostumbran a hacer los grandes equipos, que son los buenos. Fue entonces cuando ejecutó a su presa y, de paso, acabó con la final. Lo hizo Coke de nuevo, el gran capitán. El linier había levantado la banderola y por un momento reinó la confusión, pero el colegiado rectificó la decisión de su acompañante y decidió dar validez al gol entendiendo que antes de llegar a Coke el balón había sido rozado por Alberto Moreno. De nada sirvieron las protestas de los jugadores del Liverpool ni de Klopp, que enrabietado en su área técnica no le quedó otra que besar la mano del Rey, del Sevilla, del Jefe de la Europa League. “No hay nadie, nadie, que la sienta como nosotros, que la quiera como nosotros, que la desee como nosotros”. 


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